28 de mayo de 2017

→ Perdí la cuenta.

Pierdo la cuenta de los días en los que me preocupo más por que la relación esté bien más que disfrutarla. No es algo que controlo, simplemente me da terror pensar en que te puedo perder, que me equivoque de nuevo, que no sirvo para hacerle bien a alguien más. No te voy a mentir, creí que después de todas mis historias pasadas no volvería a volar tan alto, que ni siquiera volvería a abrir las alas para levantar cabeza, creí que era otro mi rumbo. Pensé que te ibas a cansar de mi aún sin tenerme. Estaba convencida de que cada vez que te dejara entrar en mi mundo sería como restarle números a tus ganas de mi. Pero todavía seguís acá, sin soltarme la mano. A veces no necesito más que tus besos, tus mimos, tus abrazos, alguna que otra caricia para sentirme mejor. No hace falta que me preguntes que me pasa, basta con que te quedes al lado mío dejándome que sienta tu presencia, que sepa que estas ahí y que vas a estar en las buenas y en las malas. Con una mirada me recordas que me querés, que me amas y que no me vas a soltar cuando más te necesite. Me demostras que aunque vos estés peor que yo vas a hacer todo para sacarme una sonrisa como lo haría yo para verte reír. Con cada cosa linda que me decis me haces sentir como vos sólo sabes hacerlo, logras que me quiera un poco más, con lo difícil que es no juzgarme a mi misma. Perdí la cuenta de las veces que me encendiste cuando yo me había dejado apagar, de los días que hubiera dado el mundo para que fuesen eternos.
Yo perdí la cuenta, y aún así, seguís siendo tan inevitable como el primer día, aunque ya no esté segura cual es el primero. Llegaste a mi vida pero no para un rato, llegaste para quedarte al lado mío siempre, sin importar nada. Llegaste para darme besos de esos que me calman, esos que me dicen que con vos al lado va a estar todo bien, que las rutinas ya no serán aburridas, que me vas a cuidar. Te quedaste y me pregunto por qué tuve tanta suerte.

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